“Dalí II” performance y marketing

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El dandi del surrealismo
Muy adecuado el reportaje de RAQUEL

Convirtió su propia vida en una ‘performance’ y su figura, en obra de arte, a base de excentricidades. Controló los medios y exploró la cultura de masas. Puro precursor del marketing.

«¿Sabes la diferencia entre un esnob y un dandi?» Le preguntó un día Dalí a su amigo Oscar Tusquets Blanca. «El esnob es el que se muere por que le inviten a una fiesta y el dandi el que, una vez invitado, hace lo imposible por que le echen». Y él fue expulsado de todas las fiestas: del grupo de artistas de Barcelona, de la Academia de San Fernando en Madrid, de los surrealistas franceses… Dalí tenía alma de dandi. «De ahí nace también su aparente fascinación por Franco. ¿Se podía estar más expulsado de la cultura contemporánea que estando a favor del dictador?».
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La teoría que esboza Tusquets Blanca, el arquitecto catalán que fue su íntimo durante años, resume el genio de Dalí, un artista que se convirtió en obra de arte a sí mismo a base de excentricidades. Puro precursor del marketing. El de Figueras cultivó al personaje desde la infancia. Siempre fue neurótico, delirante, exhibicionista, extremo… Quizás marcado por ese nombre del hermano muerto que le adjudicaron sus padres. Cuenta la leyenda que iba al colegio con un pan en la cabeza y una tortilla en el bolsillo. Pero puede ser parte de esa vida que él mismo se inventó y dejó plasmada en ‘La vida secreta de Salvador Dalí’.


Su vocación de ‘showman’ era innata y su paso por EEUU la hizo definitiva. Tras sus desacuerdos con los surrealistas franceses, a los que impresionó en 1929 y escandalizó después —no congenió con su espíritu idealista y le expulsaron del grupo en el 39— se marchó a hacer las Américas bendecido por el mote de ‘Avida Dollars’ con el que pretendía ofenderle Andre Bretón. Quería evidenciar su obsesión por el dinero, pero Dalí se lo tomó como un cumplido: «En América querer ganar dinero es lo mejor que hay. Voy a triunfar con ese nombre». Llegó por primera vez en 1934 (Picasso le ayudó a pagar el pasaje) y la prensa ya le esperaba en el embarcadero, puro preludio de lo que viviría allí de 1940 a 1948, cuando se convirtió a sí mismo en una de sus ‘performances’. Y la forró de dólares.
«Cuando llega a EEUU redescubre el poder de la masa y empieza a diversificar su obra», cuenta Montse Aguer, comisaria de la muestra del Reina Sofía. Él y sus bigotes se convirtieron en un referente de la sociedad america. Y lo caricaturizó en proyectos como ‘Dali’s Moustache’, una entrevista fotográfica que le hizo su amigo Philippe Halsman en 1954, en el que retrata su bigote al detalle y se plantean cuestiones disparatadas. Incluso publicó un periódico, ‘Dali News’, que sólo hablaba de sí mismo y del que se hicieron dos números, en 1945 y 1947.
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La relación con los medios fue clave para construir su imagen. Dalí supo ver que para llamar la atención sobre su obra tenía que darnos escándalos. Como cuando subió un caballo blanco a su habitación de hotel en París o cuando destrozó el escaparate de los almacenes Bonwit Teller, en Manhattan, porque habían cambiado parte de su diseño: cuando lo vio, montó en cólera, destrozó los elementos alterados y terminó el ‘show’ arrojando contra la vidriera una bañera forrada de astracán que formaba parte de la instalación. Sí, terminó en el calabozo. ¿Se les ocurre mejor campaña para vender al hombre que proclamó ‘El surrealismo soy yo’?

«Provocaba como y cuando quería. Sabía que eso le hacía más conocido y le diferenciaba del resto. El marketing como tal no se estructura hasta los 60, pero él supo ver antes la importancia de ‘las 4 p’: el producto, que en su caso era excelente, el precio, que era deseable y selectivo porque muy pocos se lo podían permitir, la distribución, rodeándose de la alta burguesía que le podía comprar, y la promoción, la publicidad de sí mismo. Supo cómo venderse», cuenta Álvaro Garrido, experto en marketing y profesor en la Escuela de Negocios y Marketing ESIC.
Y es que detrás de esos míticos bigotes había horas de trabajo y un talento arrollador. «Seguía unas rutinas de creación muy exigentes. Luego, a las 18.00 paraba, recibía a la gente y empezaba su personaje público, pero había trabajado mucho antes. Y aunque hubo una época en que el personaje se impuso a la obra, la trascendencia de su trabajo ha demostrado su importancia», añade Montse Aguer. «Lo cierto es que sacrificó muchas menos horas de su vida al personaje de lo que lo hacen los artistas actuales. Dedicaba dos horas al día a la prensa, a las relaciones públicas, no las 24 que muchos dedican ahora. Y cuando estaba en la intimidad descansaba, ni engolaba la voz ni nos vendía nada», añade Tusquets Blanca.
Además de manejar a su antojo a los medios, supo alimentar la cultura de masas, obviando la vertiente más elitista del arte. Dalí hizo publicidad —para los franceses alejados del circuito artístico era ‘el de los chocolates Lavin’ (vea el vídeo del anuncio en esta página)—, trabajó para revistas, hizo escaparatismo, un pabellón para la Feria Mundial de Nueva York del 39, cine, ballet, escribió, diseñó joyas, muebles, corbatas, sombreros… Y creó el concepto de ‘happening’ antes de que existiese, marcando un camino que después seguiría Warhol. «Le gustaba todo tipo de arte excepto la música, que le horrorizaba porque decía que estaba dirigida a los instintos más bajos», dice su amigo Tusquets Blanca.
Y supo adaptarse a cada mercado. En EEUU se hizo un hueco entre la alta sociedad y al regresar a España en 1948 no dudó en alabar a Franco y acercarse a la iglesia. «Vine a España a visitar a los dos caudillos. El primero, Francisco Franco; el segundo, Velázquez», dijo. Y se volvió a casar con Gala por la Iglesia en 1958. Ella tuvo mucho que ver en la creación de este dandi del surrealismo. Tenía pretensiones artísticas cuando se conocieron y era esposa de Paul Éluard, pero lo dejó todo por él y decidió que sería su obra en el mundo.
«Era imposible aburrirse con él. Reclutaba a gente que le parecía curiosa por la calle. O invitaba a gente guapa e interesante a cenar, pero dejaba fuera al ministro de Cultura francés. Y veía el lado positivo de todo, si llovía, ‘bien, nos quedamos en casa’, si estábamos en un atasco, ‘mira qué bonito cómo brillan los coches’…», cuenta el arquitecto. Para el recuerdo quedan leyendas como las TV1 Revelando a Dalí de príncipes y mendigos que organizaba en Nueva York con ricos esnobs y mendigos elegidos por su físico. «Recuerdo que cuando ya estaba enfermo, no se encontraba a gusto y no quería vernos, pero un día nos llamó y nos recibió al fondo de la sala cantando una canción regional eterna, temblando cada vez más por el Parkinson… Cuando terminó nos dijo: ‘Ya os podéis ir, ya habéis visto una película de Buñuel’». Quería ser inmortal y escenas como ésta le ayudaron a conseguirlo.

AUTODEFINICION:

“Perverso polimorfo, rezagado, anarquizante, blando, débil y repulsivo. […]La única diferencia entre un loco y yo es que yo no estoy loco”. Así se definió Salvador Dalí, considerado uno de los máximos representantes del surrealismo. Narcisista y con tendencias megalómanas, con objetivo de atraer la atención pública, Dalí y su obra no dejan indiferente. Hoy se cumplen 107 años de su nacimiento.
Su precocidad fue sorprendente: a los doce años descubrió el impresionismo francés y lo practicó, a los catorce pasó por el cubismo tras conocer el arte de Picasso y a los quince se convirtió en el editor de la revista Studium, donde dibujó brillantes imitaciones para la sección “Los grandes maestros de la Pintura”.

En 1921 sufrió el duro golpe de perder su madre a los 16 años. Años después escribiría de la pérdida de su madre que fue el golpe más fuerte que recibió en vida. Tras su muerte, el padre de Dalí se casó con la hermana de su esposa fallecida.

En 1922 se traslada a Madrid para ingresar en la Academia de Bellas Artes, donde se hace amigo del poeta granadino Federico García Lorca y del futuro cineasta Luis Buñuel. De este último se acabó distanciando irreversiblemente en 1930. En la capital adopta un extravagante atuendo: lleva los cabellos largos, una corbata desproporcionadamente grande y una capa que le arrastra hasta los pies. Otras veces viste una camisa azul cielo, adornada con gemelos de zafiro y se sujeta el pelo con una redecilla, a la vez que lo lustra con barniz para óleo. Su presencia no pasaba para nada desapercibida.

Cuatro años después de su traslado es expulsado antes de sus exámenes finales, por afirmar que no había nadie en la Academia en condiciones de examinarle. Su falta de disciplina y la enfrenta de su padre con la Dictadura de Primo de Rivera, hicieron que posteriormente Dalí pasara una temporada en la cárcel. Entre 1926 y 1927 viaja por primera vez a París, donde conoce a Pablo Picasso, a quien el joven Dalí admiraba profundamente. Pero Picasso ya había oído hablar de Dalí, gracias a los elogios de Joan Miró. Con el paso del tiempo, Dalí se convirtió en una referencia para ambos.

Algunas de las características de las obras de Dalí de aquella época fueron elementos distintivos para su pintura posterior. Absorbía las influencias de muchos estilos: desde el academicismo clásico hasta las vanguardias rompedoras. Desde Rafael hasta Velázquez. De éste se dice que copió el bigote que después se convirtió en uno de sus principales distintivos. Otros afirman que su influencia principal fue Josep Margarit, militar catalán cuyo retrato colgaba de la sala de estar de la casa del artista. Sus obras expuestas en Barcelona ya comenzaron a atraer una gran atención.

En 1928 se instala en París y se une al grupo surrealista que lidera el poeta André Breton, quien terminará expulsándolo años después del movimiento en un enjuiciamiento al que Dalí acudió cubierto con una manta y un termómetro en la boca, convirtiendo el juicio en una ridícula farsa. Poco después rodó con Buñuel “Un Perro Andalúz”.

ESPECTACULAR DOCUMENTAL DE TV1
REVELANDO A DALÍ
http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-noche-de/noche-revelando-dali/2338787/

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